CAPITALISMO Y SOCIALISMO DEL SIGLO 21

En Venezuela y algunos otros países latinoamericanos, se ha puesto de moda un sistema político denominado “socialismo del siglo XXI”,  basado en la ideología socialista actualizada a nuestros tiempos; la misma que pretende reemplazar, el pragmatismo y la efectividad de la economía socialmente responsable (liberalismo social), por la “economía social y solidaria”, a través de una fuerte dosis de intervención estatal (“estatismo”), en vez de propiciar el desarrollo en dos ejes fundamentales: libertad y solidaridad.  Los socialistas del siglo XXI, lo pretenden hacer, basados únicamente en la solidaridad, en la “equidad” y en la “justa” distribución del ingreso y la riqueza, a través de un estado generoso, benefactor, defensor del bien común; por lo que no dudamos de sus buenas intenciones;  sin embargo se olvidan, que primero, hay que crear riqueza para después distribuirla y no simplemente repartir lo poco que se tiene, ahogando todo intento de iniciativa privada, anulando por tanto el concepto de libertad económica, con responsabilidad social.  Matando en definitiva, a la “gallina de los huevos de oro”. 

 

Fidel Castro lo hizo en Cuba y tras 50 años de “larga y triste noche comunista”, la Isla se debate entre la vida y la muerte socioeconómica, merced a estas “equitativas recetas”, repartidoras de igualdad y “justicia”.  Igualdad en la pobreza, pues,  únicamente la clase dirigente y los turistas tienen toda clase de privilegios, en medio de la miseria y pobreza de los habitantes de Cuba, lamentablemente confinados a comer prácticamente todos los días “moros con cristianos”, sin que haya la posibilidad de cambiar de menú, dada la ausencia de libertad, en ese “extraordinario paraíso socialista”.   Al igual que en Cuba, en Venezuela, el Coronel Hugo Chávez, pretendería exportar este “magistral modelo” al resto de la región (Bolivia, Ecuador, Argentina, etc.), con el principal objetivo de acaparar el control integral de todas las funciones del Estado, incluidas las de libre asociación, opinión e información.  Su receta es simple: atacar a los partidos políticos tradicionales (a la tan denostada “partidocracia”), convocar a los ciudadanos a reformar la Constitución y a través de “leguleyadas” constitucionales, perpetuarse indefinidamente en el poder.  Tal es así, que este folklórico personaje, fiel y auténtico representante de la “izquierda festiva” (no de la izquierda responsable como Lula, Vásquez, García y Bachelet, en Brasil, Uruguay, Perú y Chile, respectivamente) ya lleva más de 10 años (desde febrero de 1999) entronado en el poder de Venezuela, siendo no su presidente, sino su “emperador”, su “real majestad”, y es a no dudarlo, el líder máximo del socialismo del siglo XXI.  Emulando a Marx y Engels, quienes plantearon la “dictadura del proletariado”, este “patriótico revolucionario”, propone hoy por hoy, la “dictadura bolivariana” y el socialismo del siglo XXI.

 

El socialismo del siglo XXI, es un término inventado en 1996, por Heinz Dieterich (sociólogo y analista político alemán que reside en México), con una amplísima promoción en  América Latina a partir del 30 de enero del 2005, por el Presidente Venezolano, Hugo Chávez, en el marco del V Foro Social Mundial, dentro de su “revolución bolivariana”.

 

¿En qué se fundamenta el Socialismo del Siglo XXI?, Veámoslo en palabras del propio Hugo Chávez, en un discurso del año 2006: “… Se basa en la solidaridad, en la fraternidad, en el amor, en la libertad y en la igualdad”.[1]

¿Cuál es la estructura ideológica del Socialismo del Siglo XXI?, este concepto se deriva de las teorías del sociólogo alemán Karl Marx acerca del materialismo dialéctico y la lucha de clases.  Está basado también en el populismo peronista que asoló a la hermana república de Argentina, allá por los años 40 y mediados del 70, del siglo XX.  Dieterich, las “recalienta” e intenta actualizarlas a la sociedad contemporánea, instando la participación “democrática” de la ciudadanía.

 

¿Cuáles son sus ejes fundamentales?, son cuatro básicamente: El desarrollismo, la economía de equivalencias, la democracia participativa y las organizaciones de base.

 

¿Qué es el desarrollismo? El desarrollismo (o estructuralismo), es una escuela económica latinoamericana basada en los lineamientos teóricos expuestos por el economista argentino Raúl Prebisch (1901-1986) y por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), relativa al desarrollo, basada en el “deterioro de los términos de intercambio” en el comercio internacional, que sostiene que los países industrializados exportan bienes con alto valor agregado (bienes de capital), en contraposición a las naciones de la periferia económica que exportan bienes de poco o escaso valor agregado (materias primas), el mismo que fomenta el subdesarrollo y expande la brecha entre economías desarrolladas y subdesarrolladas.  Por consiguiente, plantea (para los países periféricos o subdesarrollados) un estado activo y vigoroso, propulsor de la industrialización y de la sustitución de importaciones, con el fin de conseguir el tan anhelado desarrollo autónomo y soberano.

 

¿Qué es la economía de equivalencias?, es un término utilizado por Dieterich, quien presenta como modelo alternativo al “precio de mercado capitalista”, una “economía de valores”, fundamentada en la teoría del valor trabajo, es decir, en el valor de la producción en términos de lo que cuesta en horas/hombre producir y no en las “crueles e infames” leyes de la oferta y la demanda, a las que este sociólogo alemán, considera como el origen de las desigualdades sociales y de la sobre explotación del factor productivo tierra (recursos naturales).  Paradójicamente, la teoría del valor trabajo, fue expuesta originalmente por los economistas liberales (los llamados clásicos de la economía”), que tanto combaten los socialistas del Siglo XXI (de allí su cansina y trillada frase: “la larga y triste noche neoliberal”, que ellos lo utilizan para satanizar al capitalismo liberal), esto es, sirvió de base para la formulación de modelos teóricos de comercio internacional opuestos al capitalismo mercantilista vigente, por aquel entonces (siglos XVIII y XIX).  David Ricardo, fue quien desarrolló estos modelos, así en 1817, en su obra: “Principios de Política Económica y Tributación”, utilizó la teoría del valor trabajo como sustento para su tan famosa: Teoría de la Ventaja Comparativa, que en términos sencillos significa que un país para ser competitivo en el comercio internacional, debe especializarse en la producción y exportación del bien que le resulte menos desventajoso producir (el de su ventaja comparativa), e importar aquel que le resulte más desventajoso producir (el de su desventaja comparativa), sirviéndose de un simple modelo matemático en el mismo que suponía dos cosas básicamente, en primer lugar,  que el trabajo era del mismo tipo, es decir, no había diferencia entre mano de obra calificada y mano de obra no calificada; y, segundo que el trabajo era el único factor productivo.  Modelo que fue rebatido con posterioridad, dado que el trabajo no siempre es del mismo tipo, es decir, hay trabajadores calificados y otros que no lo son; y, además, hay varios factores de la producción, como el capital, la tierra, la innovación tecnológica y la eficiencia empresarial, que no se los puede ignorar, es decir, no sólo el trabajo agrega valor, los otros factores también lo hacen, y eso lo veremos más adelante a través de la exposición teórica del economista austriaco Böhm-Bawek, satanizado por los marxistas como “economista vulgar”.

 

En tal sentido, pretender reemplazar al sistema de precios de mercado, por un sistema de valores, no sólo que resulta retórico, populista y antitécnico, sino que además es impracticable, pues, ¿cómo podría un vendedor saber si su producto tiene el precio adecuado para ser demandado por el consumidor?, o es que ¿acaso se pretende instaurar un sistema donde la “soberanía del consumidor”, no exista y los precios sean fijados arbitrariamente por un estado centralmente planificado, a la usanza de los sistemas comunistas de antaño?, pues recordemos que la ex URSS, tenía una cantidad indeterminada de precios para cada uno de sus productos, lo que hizo que el sistema socialista colapse.  Más adelante se intentará dar una respuesta convincente a estas interrogantes, por ahora basta decir que los precios en una economía de mercado cumplen dos importantes funciones: 1) Servir de señales a productores y consumidores, acerca del valor monetario de sus productos (el denominado por Adam Smith: valor de cambio); y, 2) Asignar recursos, es decir, orientar la producción a bienes y servicios con mayor demanda y retirar aquella que resulte ineficiente y poco competitiva.

 

¿Qué es la democracia participativa? Es un sistema opuesto a la democracia representativa, siendo una forma de otorgarles poder de decisión “soberana” a los ciudadanos, en los aspectos políticos de la sociedad, instituyéndose consultas populares y referendos donde los representantes solicitan la opinión de sus electores o dónde éstos plantean sus inquietudes a aquellos.  Sistema que resulta costoso para el Estado en términos de gasto público al terciar constantemente en elecciones, es decir, un gobernante puede postularse como candidato indefinidamente, dejando de lado sus labores de Estadista, convirtiéndose más bien en un “estatista”.  Claro, pero a no dudarlo este tipo de “democracia participativa”, le confiere un enorme “poder populista” al Presidente, dado que los ciudadanos se sienten importantes al tomarse en cuenta sus opiniones y resulta un método ideal para perpetuarse en el poder, si no veamos el caso de Chávez en Venezuela, quien en el 2010, acaba de cumplir 11 años como Mandatario, todo gracias a este tipo de “democracia”, que al parecer como le ha funcionado bastante bien al coronel de la revolución bolivariana (a Chávez le ha funcionado, a su pueblo no, su pueblo se muere de hambre), ha servido de “modelo de inspiración” a otros presidentes latinoamericanos, a quienes parece gustarles el fracasado modelo castro-chavista.

 

¿Qué son las organizaciones de base?, son agrupaciones con tinte socio-político, que están más cercanas a la comunidad, dependientes –generalmente- de organizaciones más grandes (partidos políticos, ONG´s, Federaciones, etc.)  En definitiva, son células que están directamente vinculadas con el pueblo sencillo, recogiendo sus inquietudes y trasladándolas al poder central.

 

En conclusión: el Socialismo del Siglo XXI, más que un modo de producción económico, constituye un sistema estatista – populista, donde la economía de mercado es atacada, pues basta escucharles a los “socialistas del siglo XXI”, enfilar sus dardos en contra de ella a través de su satanizado término: “neoliberales”, que ellos lo endilgan a los nuevos liberales (el liberalismo tiene entre sus representantes a gente como:  Adam Smith, David Ricardo,  Ludwig Erhard, Konrad Adenauer, Simón Bolívar, Eloy Alfaro, Juan Montalvo, Deng Xiaoping, Milton Friedman, Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek, Andrés Oppenheimer, Carlos Alberto Montaner, Pablo Lucio Paredes, Walter Spurrier, etc.), es decir, a gente que simplemente cree en la libertad de mercado, la propiedad privada, la competencia, la productividad, el sistema de precios, etc.  Sistema exitoso que ha permitido el desarrollo socioeconómico de países como: China, Chile, Corea del Sur, Taiwán, Indonesia, Singapur, Hong Kong, Vietnam, España, Irlanda, Estonia, República Checa, Polonia, etc.;  adicionalmente, sus empresarios son descalificados, se los acusa de “evasores de impuestos” y “vende patrias” (el mismo término que utilizaba Perón en la Argentina de mediados del siglo XX); los medios de comunicación reciben epítetos de “prensa corrupta y mediocre”, tal es así que cuando no son de su agrado se los pretende acallar; los consumidores se ven obligados a pagar precios más caros, como por ejemplo en Venezuela, donde se registran las más altas tasas de inflación de la región; los productos escasean, como en Cuba, porque los que no pertenecen a la clase dirigente tienen que verse obligados a la “libreta de racionamiento perpetuo”, decretada por Castro, con un menú tan “variado” que incluye todos los días moros con cristianos; sus gobernantes –en especial Chávez-  son muy populares, gracias al incremento desmedido, ineficiente e inefectivo del gasto público.  Se le da a la gente el pescado, en vez de enseñarles a pescar; es decir, un modelo típicamente cortoplacista, apto principalmente para ganar elecciones (porque encima controlan los tribunales electorales) y que prácticamente no piensa en el porvenir de las futuras generaciones.  Su principal lema está en la Biblia, y dice: “comamos y bebamos que mañana moriremos”.

 

A propósito de “neoliberales”, cabe señalar que esa escuela económica ni siquiera existe, pero los populistas latinoamericanos, con el fin de satanizar al  modelo clásico – liberal que se remonta al siglo XVIII, cuando Adam Smith escribiera su famosa obra: “La Riqueza de las Naciones”, que lo hiciera merecedor a la honrosa distinción de ser considerado como el padre de la economía; bautizan como “neoliberales”, a los seguidores del liberalismo económico, endilgándoles toda la responsabilidad de los problemas económicos nacionales, cuando lo que proponen es simplemente: más mercado y menos estado, más pragmatismo y menos ideología, más trabajo y menos pereza, más libertad y menos restricciones, más libertad de expresión y menos “mordaza”, en fin…

 

 

 

One thought on “CAPITALISMO Y SOCIALISMO DEL SIGLO 21

  1. Socialismos del siglo xxi..
    me baso en este tema ya que es algo que me interesa mucho y me sorprende especialmente ver como se engañan los que proclaman estas ideologìas que no pueden llevarlas a cabo, se habla de una libertad que no existe por la falta de respeto a los derechos humanos y porque siempren los gobernantes hacen lo que a ellos les gusta sin importar la opiniòn de los ciudadanos.
    Especialmente en paìses como Cuba o Venezuela miramos la escasez que sufren los ciudadanos en alimentos, sevcios bàsicos, son restringidos de la informaciòn la cual deberìa ser pùblica y esa forma tan inhumana de impedirles crecer en el àmbito econòmico pagando sueldos terriblemente bajos y dàndoles cosas y alimentos mìnimos.
    Esperemos esto cambie algùn dìa y la gente pueda ser felìz en su paìs y no solo pensar en “el sueño americano” asi negàndose a vivir la pesadilla en la que se han convertido sus paìses.

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